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20 febrero 2012

El tiempo descubre siempre la verdad.

Estimados lectores.


Hace algo más de dos años, concretamente el 1 de julio del año 2009, publiqué en este mismo blog un artículo titulado “Juan Ripollés. Pan para hoy… ¿Y mañana que?”; que venía a culminar la segunda parte de una entrega donde con más o menos extensión (y acierto para algunos), hacía un análisis de tipo técnico sobre la obra de este “popular artista” castellonense. En él me refería con meridiana claridad, (para que luego nadie fuese llamado a engaño) a los escasos valores, calidades, métodos y procedimientos que este “artista” empleaba en la realización de sus obras, advirtiendo sobre el riesgo que llevaría tanto para las colecciones públicas, (las que pagamos todos) como para las privadas, la adquisición de algunas de sus obras sin un previo asesoramiento técnico-profesional que nos garantizara en alguna medida, una buena compra o encargo, ya que su mala praxis en la técnica y uso de los materiales, así como la arbitrariedad en los procedimientos que este señor utiliza, ponían en evidencia no solo su visible desconocimiento del oficio, sino la imposibilidad de garantizar en algunas de sus obras, (principalmente en aquellas realizadas en técnicas mixtas) un resultado de larga conservación en el tiempo y/o una compleja y costosa restauración, con el riesgo que esto acarrea para poder obtener un resultado satisfactorio en una obra con tales características de elaboración; pero a la que inevitablemente y mucho más temprano que tarde, estas tendrían que someterse debido a esos factores de deficiencia del oficio, que irremediablemente provocarían imprevistas e incontroladas reacciones químicas, producidas o bien por la naturaleza, composición o incompatibilidad de algunos de los materiales utilizados, por su escasa adherencia sobre soportes inapropiados o poco aconsejables, o por el mal manejo de la técnica; haciéndose más patente en algunas obras, principalmente en aquellas realizadas en técnica mixta, donde esta cuestión podía hacerse más evidente y nociva en detrimento de la calidad y durabilidad de la misma.


Permítanme a modo de recordatorio mostrarles en el siguiente enlace, la forma en que este pintor realiza algunas de sus obras. Un video que ilustra de manera inequívoca la gran “destreza” de oficio de este singular “artista”. Es toda una joya en la “Waterproof painting” una de sus tantas aberraciones técnicas a la cual ya nos tiene acostumbrados. Prepárense y tengan a mano un chubasquero, pues la experiencia le va a resultar un tanto húmeda.




Continuo...


No ha tenido que transcurrir mucho tiempo para que el "mañana" se haya hecho presente, y ya aparezcan algunos ejemplos, por el momento en algunas de las obras públicas, espero que las privadas tomen buena nota de ello, (sino es que ya hay algún caso) donde se hace patente mi previsor vaticinio. Siendo ese precisamente el cuerpo argumental y principal motivo de este nuevo y último artículo que dedicaré a la obra de este singular “creador”, pues a lo largo de todos estos años, creo haber dicho con meridiana claridad todo, o casi todo lo que pensaba en referencia a las calidades y aportaciones tanto técnicas como discursivas de la obra de este “artista” y con este artículo pretendo coronar y demostrar una vez más, con argumentos y claros ejemplos, que los aspectos técnicos siguen siendo de cardinal importancia, siempre que se quiera legar a las generaciones venideras una huella de nuestro trabajo, existencia y cultura.


Y ahora que vengan esos “artistas”, modernos y contemporáneos a decirme que el aspecto artesanal o de oficio en la creación, es un asunto trasnochado, de importancia menor; que lo importante es solo la idea, el ser un creador, “transmitir” con la obra, tener sentimientos y corazón, en fin, argumentos que tienen que ver más con la letra de un bolero, que con una valoración de rigor, seria y especializada. Seguro estoy que aquel que no tenga en cuenta estos aspectos relacionados con el oficio, imprescindibles para garantizar la calidad y sobre todo la durabilidad de una obra, lo único que podrá transmitir con su trabajo será pena, desilusión, disgusto y olvido (hoy estoy “sembrao” como letrista de boleros). Así que tomen buena nota aquellos intrépidos creadores que van de “modernos”, alternativos y a veces llamados artistas contemporáneos, dejando de prestar atención a estas cuestiones puramente técnicas, si no quieren ver como sus obras pasan del ser al no ser, o del estar al no estar, delante de vuestros propios ojos. A no ser que de manera inequívoca y claramente explicita, el planteamiento sea apostar únicamente por lo efímero, en tal caso, les propongo muy sinceramente sorprender al público y a la crítica, con propuestas verdaderamente revolucionarias y novedosas, ya que de ese modo al menos el recuerdo jugará un papel activo y la experiencia podría ser transmitida en forma oral, como en las antiguas órdenes y tradiciones. Ya que resulta realmente patético, desilusionador y muy frustrante, ir de artista “moderno” y alternativo abriéndose paso en la escena cultural, como un consumado imitador de los mismos discursos, patrones y/o las carencias del pasado reciente, bien sea desde el desconocimiento o de manera consiente.

Pero volvamos al tema que nos ocupa…


Como les decía, ya aparecen claras evidencias de serios deterioros en algunas de las esculturas públicas de nuestro “insigne artista” Ripollés, que sin haber pasado aun ni una década desde la instalación urbanística de las piezas (tiempo realmente insignificante en la vida de una obra) ya vienen a corroborar mi previsor vaticinio con todo lo que ello supone, no solo en lo que pudiera afectar a la reputación de este consagrado “artista” (que al parecer, poco le importa), sino a la de esta ciudad que le ha servido de marco propicio y escenario de lujo, para su imagen y carrera. Y es que hay cosas en el arte, (imagino que también ocurra en otras ramas del saber) que no permiten grandes cambios, interpretaciones, modificaciones, ni “inventos” por muy artista que uno quiera, o se quiera hacer, por más libertad que uno reclame en la creación y por mucha inspiración y necesidad incontrolada que un producto, material u objeto provoque en nosotros para convertirla en una “obra de arte” (con Marcel Duchamp ya tuvimos suficiente). La naturaleza química, sus procesos y comportamientos, así como las condiciones medioambientales y la acción corrosiva de los elementos, no entienden de ello.


A la primera obra que me voy a referir, es al muy divulgado conjunto escultórico que se encuentra ubicado en la plaza de Huertos Sogueros realizado en fibra de vidrio y bronce y que lleva por titulo, "Les Cordeliers" (los Cordeleros). En la monumental pieza podemos apreciar claros síntomas de deterioro, agrietamiento y desconchado en la fibra de vidrio de la pieza central, que tiene forma de paragua, noria o árbol coronado de varios brazos multicolores, seguramente tales desperfectos son producidos por una dispar dilatación del producto con el soporte o una mala adherencia de la misma, evidentemente no apta para soportar los cambios de temperaturas y la humedad medio ambiental a la que lleva sometida desde su instalación y que con toda seguridad irá incrementando su deterioro con el tiempo.


El segundo ejemplo donde he visto claros síntomas de deterioro es en varias de las piezas que se encuentran ubicadas en la entrada del nuevo casino en el Grao. En este caso los resultados son los mismos, con la agravante de que en algunas de ellas no solo vemos los mismos agrietamientos, deterioro del color y desconchados del material, que encontramos en la de Huertos Sogueros, sino que además y aun más preocupante si cabe, aparecen roturas y perdida de algunas de las partes de las esculturas sin que nadie se haga responsable de ello o bien para proceder a su retiro, o para someterlas a una temprana restauración.


Y por último, tenemos al “revolucionario” y muy sonado proyecto de recubrimiento de fachada del edificio azul del Grao con su “sextópodo” Sol de color naranja, recubierto con virutas de cristal de Murano, que al igual que la fibra de vidrio, se está desprendiendo de su soporte las cuales podemos ver esparcidas por las aceras y áreas aledañas al edificio. Algo que sin embargo ahora no debiera sorprender a nadie, pues según palabras del propio “artista” en el 2008, de las cuales se hacían eco varios periódicos y publicaciones en el momento de su instalación (y que pueden ser consultados por internet) este iba a ser un proyecto que le permitiría innovar en un campo (la arquitectura) inédito en su actividad artística. Y no hay más que conocer el rigor técnico que este “artista” imprime a sus creaciones, para poder deducir las consecuencias de esa irresistible innovación.


Es por eso que un auténtico profesional del arte, debe ser un fiel custodio de ese oficio milenario, que abarca toda la herencia del saber en esa imprescindible artesanía que engloba a todas las disciplinas del arte, en este caso a la pintura y a la escultura. Un auténtico profesional debe conocer y dominar a fondo las cuestiones técnicas, todas, desde las más sencillas, hasta las más complejas, desde las más antiguas hasta las más modernas, pues de lo contrario no hay legado, ni garantía de presencia en el futuro. Y con esto no quiero decir que se tenga que pintar solo con las técnicas que han demostrado su permanencia y conservación en el tiempo, No, la industria química ha evolucionado tan rápida como eficazmente en todos estos años, pero hay que estudiar seriamente las posibilidades que nos ofrece en cada caso. Uno debe someterse a una investigación y estudio de sus infinitas posibilidades y adaptarla a la propuesta deseada, pero para eso, hay que estudiar, investigar con rigor y dejar “reposar” lo aprendido en un pozo de conocimiento. Y sobre todo, hay que dejar de hacer menos el payaso prestándose a los frívolos recursos del marketing que solo nos pueden ofrecer el reinado del éxito de una noche vacía de estrellas.


Y es que la historia no conoce de engaños, ni improvisaciones, ni de las efímeras modas que a veces son utilizadas como útil reclamo del mercado del arte. El tiempo es su mejor aliado y éste le sirve de fino tamiz, para decantar lo carencial, de lo verdaderamente valioso y si al final de todo, lo que nos queda no convence a nadie, entonces como decía el gran Séneca: “El tiempo descubre siempre la verdad.”


Hasta la próxima entrega.


Amaury Suárez.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Las "experiencias húmedas" ¿por qué son malas? ¿No es la humedad fuente de vida en una tierra de secano agreste? ¿No es la humedad íntima de la mujer fuente de goce --y también de placer--?
No en vano existe el término chino "la fuente de jade"... ¿O usted no nació de un saco amniótico?

Amaury dijo...

Estimado amigo anónimo.
No he dicho en ningún momento en mi artículo que la experiencia húmeda sea mala cosa, aunque en honor a la verdad, depende en el contexto en que esta habite, sin duda en todas y cada una de las que usted señala, no solo es necesaria la humedad, sino que además puede ser muy placentera, pero para acelerar la oxidación del pigmento y que este pierda luminosidad e incluso adherencia sobre el soporte, sin duda lo es. Pero reconozco que en esta ocasión no he querido ser tan explícitamente técnico y solamente ha prevenido y recomendado ponerse chubasquero ante la manera peculiar de pintar el gran maestro Ripollés.

Anónimo dijo...

Bueno, lo del chubasquero también le seria de aplicación a Pollock, ¿no?

Amaury dijo...

¿A Pollock? No veo relación alguna entre estos dos ejemplos, mí estimado (a) anónimo.
Jackson Pollock esparcía y superponía pintura sobre el lienzo, bien fueran esmaltes sintéticos, acrílicos o de naturaleza resinosa o de laca como la piroxilina y lo hacia mediante el recurso del “Dripping” (gesto característico de su Action painting) provocando con él esa sensación de encaje o maraña pictórica impenetrable cual manglar o jungla, pero nunca utilizó una manguera para echar agua sobre el soporte. Se podría calificar de muy sencillo o simple su recurso gestual, pero nunca de nocivo a la durabilidad de la obra, algo que puede ser comprobado muy fácilmente si visitamos el Museo de Arte Moderno de New York (MOMA) donde podemos encontrar algunas obras de este artista, realizadas hace muchos años y que se conservan inalterables como el primer día, algo que desgraciadamente pienso no se podrá decir de algunas de las del maestro Ripollés dentro de unos pocos años.
Es bueno antes de poner ejemplos en una materia (en la que supongo usted no es un especialista) conocer primero a fondo las cosas de las que se habla, pues como decía el gran Voltaire “Se tiende a poner palabras allí donde faltan las ideas”.
A pesar de ello le agradezco su participación en este blog y espero que para la próxima, lo haga de manera más acertada.
Reciba usted mi más cordial saludo.